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Malvinas: la ofensiva de Milei por la soberanía abre una fuerte tensión con el Reino Unido

MendozaRedacción7 de septiembre de 2026
Malvinas: la ofensiva de Milei por la soberanía abre una fuerte tensión con el Reino Unido

La historia suele avanzar a partir de acontecimientos inesperados. En este caso, una sábana convertida en proclama durante un partido de la Copa del Mundo terminó siendo parte de una escalada discursiva entre la Casa Rosada y el 10 de Downing Street, en Londres. El desenlace de esta nueva discusión alrededor de las Islas Malvinas permanece abierto.

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas. Integran el territorio nacional, la Argentina fue desplazada por la fuerza en 1833, en apenas 24 horas, y en 1982 fue derrotada militarmente. En las islas, además, quedó la sangre de argentinos que participaron del conflicto.

A partir de allí, corresponde analizar el escenario que se abrió en los últimos días.

Milei, Malvinas y el proyecto Sea Lion

El presidente Javier Milei, durante la cadena nacional del jueves por la noche, invocó el derecho nacional e internacional y reafirmó la soberanía argentina sobre las islas.

Desde una perspectiva argentina, lo que ocurre con el proyecto petrolero Sea Lion, ubicado unos 220 kilómetros al norte de Malvinas, podría compararse con la llegada de una empresa extranjera a Barrancas, el Golfo San Jorge o Loma Campana, en Vaca Muerta, para explorar y extraer petróleo argentino sin autorización.

El inconveniente es que la Argentina no tendría suficiente poder político ni diplomático para impedir la explotación petrolera sin un respaldo decidido de la ONU y, particularmente, de Estados Unidos y su presidente Donald Trump.

Al mismo tiempo, la agenda internacional está atravesada por otros conflictos y desafíos: inmigración, narcotráfico internacional, teocracias terroristas, tensiones económicas europeas, bajo crecimiento, la guerra entre Rusia y Ucrania y el Súper Niño.

En ese escenario, la advertencia internacional de Milei por Malvinas podría carecer del peso necesario y tener un costo elevado para la Argentina.

La dura respuesta del Reino Unido

El Gobierno británico respondió el viernes en términos de extrema dureza. La réplica estuvo a cargo del ministro de Defensa, Wes Streeting, quien aseguró: “Nuestras fuerzas armadas están alertas las 24 horas del día y los siete días de la Semana”.

La elección del funcionario para contestar el discurso de Milei y el tono marcial utilizado constituyeron una advertencia del Reino Unido.

El ex primer ministro conservador Boris Johnson, rival político e ideológico del primer ministro laborista Andy Burnham, también reclamó el envío de refuerzos a las islas.

Por su parte, Donald Trump había presionado a Burnham para elevar el gasto británico en defensa hasta el 5% del PBI. En este contexto, las declaraciones del mandatario estadounidense sobre Malvinas generan interrogantes respecto del papel que podría desempeñar la Argentina en la relación entre Washington y Londres.

Milei se involucró, aunque tardíamente, en la causa nacional por Malvinas. Junto con el fútbol, se trata de una de las cuestiones que permiten construir un “nosotros” entre los argentinos, tal como señaló Jorge Fontevecchia el jueves. Sin embargo, ese consenso presenta fragilidades.

Las medidas anunciadas por el Gobierno argentino

En política, formular amenazas u órdenes imposibles de ejecutar implica un riesgo.

El viernes, el Gobierno argentino avanzó con distintas decisiones relacionadas con los anuncios realizados durante la cadena nacional. Dispuso $200.000 millones para construir la base en Tierra del Fuego, ordenó modificaciones sobre la Ley 26.651 de 2011, de autoría de Pino Solanas y de origen cristinista, para acelerar las sanciones contra petroleras que operan en Malvinas, y emitió un decreto.

También inició el proceso para sancionar a 45 empresas y personas vinculadas con la actividad petrolera en las islas. Entre ellas existen actores británicos, estadounidenses, israelíes, daneses, sudafricanos y neerlandeses.

La incógnita es cuál es la capacidad efectiva de la Argentina para lograr que esas compañías interrumpan sus actividades.

La israelí Navitas y la británica Rockhopper operan desde hace al menos seis años en la exploración de reservas en los alrededores de Malvinas. Navitas ya había sido sancionada por una resolución de la Secretaría de Energía en abril de 2022, durante la presidencia de Alberto Fernández, por un período de 20 años.

Actualmente, las petroleras anunciaron que no modificarán sus cronogramas. Paralelamente, el Gobierno británico no muestra disposición a discutir la soberanía de las islas y, por el contrario, afirmó que sus Fuerzas Armadas permanecen en alerta permanente.

El impacto político de los anuncios

Uno de los interrogantes es qué ocurrirá con el capital político de Milei si sus anuncios no producen resultados y continúan las tareas preparatorias para la explotación de Sea Lion, donde británicos, israelíes y otros socios proyectan perforar 60 pozos petroleros submarinos.

Hasta el momento, solamente cinco de los 24 gobernadores se pronunciaron a favor de las acciones anunciadas por Milei para defender la soberanía argentina sobre las islas. Entre ellos se encuentra Alfredo Cornejo. Las manifestaciones de respaldo, además, demoraron en llegar y algunos dirigentes consideran que los anuncios constituyeron una “venta de humo”.

La oposición dialoguista prácticamente no se manifestó. En cambio, el kirchnerismo duro y la izquierda cuestionaron las contradicciones que, según esos espacios, Milei mantuvo durante estos tres años respecto de Malvinas y otorgaron escaso valor a las nuevas iniciativas.

Incluso hubo dirigentes que hablaron de una “galtierización” del Presidente y lo acusaron de recurrir a una causa nacional profundamente arraigada para intentar mejorar la imagen del Gobierno.

Así, el respaldo político obtenido por Milei hasta ahora resulta limitado, mientras desde el Reino Unido llegaron advertencias de carácter militar.

La bandera que marcó un punto de inflexión

El miércoles 15 de julio, menos de dos meses atrás, un grupo de jóvenes de Villa Luro que se encontraba en Estados Unidos por la Copa del Mundo compró en una ferretería esmalte negro y un pincel por menos de 10 dólares. Sobre una sábana del hotel donde se alojaban escribieron la frase “Las Malvinas son argentinas”.

La intención era exhibirla durante la semifinal entre las selecciones de Argentina y Gran Bretaña.

Un día antes, la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva había advertido que no serían permitidas pancartas, carteles ni manifestaciones relacionadas con la guerra de 1982. La reacción terminó siendo contraria a la buscada y el cántico “¡El que no salta es un inglés!” se repitió durante un mes, incluso en cumpleaños infantiles.

El autor de la bandera logró ingresarla al estadio escondiéndola entre sus genitales. Cuando el encuentro contra Inglaterra estaba por finalizar, la seguridad del Mercedes Benz Stadium detectó al grupo. Los hinchas envolvieron entonces una botella de agua con la bandera y la arrojaron al campo de juego.

Giovani Lo Celso la desplegó junto al Cuti Romero y Lisandro Martínez.

De esa manera, el fútbol y la iniciativa de un grupo de hinchas produjeron uno de los acontecimientos más significativos relacionados con la defensa de la soberanía nacional sobre las islas desde 1982. Ese episodio se convirtió en el germen del actual escenario geopolítico.

El recuerdo de la guerra de 1982

Una acción dentro de un estadio de fútbol no tiene las mismas consecuencias que lanzar advertencias severas hacia un país con el que la Argentina mantuvo una guerra contemporánea que terminó perdiendo.

En 1982 murieron centenares de argentinos. Más de 300 fallecieron durante el hundimiento del Belgrano.

Para quienes atravesaron el conflicto desde la Patagonia austral, permanecen los recuerdos de los convoyes con soldados de 18 años que partieron en zapatillas y regresaron al muelle Almirante Storni de Puerto Madryn después de la rendición convertidos en soldados, hombres, veteranos de guerra, héroes y mártires.

También quedaron las imágenes de los aviones que partían rumbo a Puerto San Julián y Río Gallegos, además de los oscurecimientos ante la posibilidad de ataques de los cazas Sea Harrier sobre el continente.

Malvinas y las contradicciones políticas

La cuestión Malvinas despierta una sensibilidad particular en la Argentina. Los planteos formulados por Milei sobre la soberanía son correctos, aunque llegaron cuando las petroleras llevan seis años explorando y las reservas de Sea Lion se conocen desde hace por lo menos 15 años.

Ahora, distintas compañías deberán evaluar si continúan participando de operaciones económicas consideradas ilegítimas por la Argentina en Malvinas o si buscan inversiones en Vaca Muerta.

También existen dudas vinculadas con los intereses de Estados Unidos, el cambio de posición del propio Milei y la ausencia de una condena del Gobierno argentino frente a la ruta comercial marítima que Chile anunció para noviembre con las islas.

La causa Malvinas tampoco logró superar la grieta política, como sí ocurrió en 1982, pese a que gobernaba una dictadura, o durante la defensa de la democracia frente a la asonada de Semana Santa de 1987.

El periodista Osvaldo “Bebo” Granados, de 88 años, resumió el clima político durante su columna posterior a la cadena nacional del jueves en el programa No Tenés Cara, de Radio Nihuil“Acá hay algunos que ni siquiera te van a reconocer que hoy es viernes”.

El escenario queda ahora sujeto a los resultados que puedan producir las decisiones anunciadas por Milei y a que la escalada de tensión no derive en acciones de consecuencias mayores.

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